martes, 3 de febrero de 2009

Capitulo 11 Primera temporada: Temporada de pollos

Eran las 5:30 de la mañana y Futilia Ester se disponía a entrar en su despacho de la Central Térmica de la facultad de veterinaria para contestar las preguntas su consultorio sexual después de una noche de sexo salvaje por todas las aulas del animalario de la facultad. Reconocía que no había estado mal la noche porque cuando sus 3 amantes quedaron completamente exhaustos y a punto perecer por su poderío sexual, un pollodrilo, creado por el estudiante Daniello Daniello Candoso Lostás, uno de sus preferidos aunque perteneciera al grupo B, le miró con ojos de bambi haciendo una caída de párpados laterales que la enamoró completamente, finalizando un triple orgasmo que llevaba buscando desde mucho tiempo antes. Se disponía a entrar, decíamos en su despacho mientras cantaba "en la variedad está la diversión" cuando un ruido la sorprendió por detrás. La Dra. Nataccia Apentienichio se le acercó diciéndo:

-Forbo- que era como ella le llamaba siempre- tenemos que conseguir rápido un contraveneno, se me está acabando el elixir "Montaña oscura" y los efectos del veneno están empezando a pasarme factura.

Tras decir eso, se bajó la capucha y apareció una pequeña cresta a cuadros blancos y negros.

-Que bonita- contesto Futilia Ester- no entiendo porque no te la dejas. Te pasas todo el día ahorrando para conseguir ese elixir que no sé de donde sacas cuando el contraveneno es claramente una derivación fitoestrongiloide de segunda generación, esterificada con avecrem que hasta un residente de Psiquiatría sabría formular con el ojete cerrado. Sólo me hace falta un pelo púbico de Batcoco, y precisamente hay uno a punto de eclosionar en el animalario, ven conmigo.

-Vamos rápido- Contesto Nataccia Anastaccia di Catalinna, pues este era su nombre completo- que me están saliendo unos espolones que no querrías ni ver.

- No estoy tan de acuerdo en eso último- contesto la Dra. di Forbole- pero vayamos, que tengo que terminar de limpiar unas cosas en el animalario.

Y se fueron alejando mientras Elisa Antonia, que lo había escuchado todo tras la puerta de la central térmica, suspiraba aliviada por no haberse desmayado de nuevo y porque su amiga Futilia se hubiera dejado la puerta abierta. Ya empezaba a comprender cosas, los escudos de los uniformes y los pasajes secretos hacía el antiguo despacho de la Dra. Apentienichio. Cuando salió a la incipiente luz de la mañana, algo había cambiado en ella, era más fuerte, más sabia, más dinámica. Avanzó un poco dispuesta a declararse a Rodolfo Maher cuando algo escureció el sol y cayó desmayada. Lo último que alcanzó a ver fue un espolón saliendo de un zapato, que recordaba de otra ocasión, pero mientras hacía memoria, fue perdiendo la consciencia, mientras el ya conocido olor a salmuera lo invadía todo en su mente.


CONTINUARÁ...

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